Las normas sobre el cigarrillo son cada vez más duras en Estados Unidos. Prácticamente está prohibido fumar en todos los lugares públicos: transporte público, bancos, recepción de hoteles, estadios, restaurantes, bares, aseos públicos y en lugares con capacidad para más de 50 personas. En muchos hoteles disponen de habitaciones para no fumadores.
En 2011 la ley en Nueva York se endureció prohibiéndose fumar en parques, plazas públicas, playas y embarcaderos.